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viernes, 24 de febrero de 2017

Canibalismo suicida.

Andamos sin rumbo,
corriendo para coger a tiempo el metro
y así no desviarnos de lo establecido.
Seguimos andando descalzos entre polvo y ceniza,
siendo el último peón de la partida de ajedrez.
Ya perdida.
Caemos como moscas sobre la mierda
que nos alimenta,
revoloteamos en ella
y luego pasamos a otra cosa.
No llegando nunca a ser mariposa.

El canibalismo suicida que nos caracteriza
como humanos significa no dejar de hacer daño,
queriendo o sin querer,
dañarnos al fin y al cabo.
Desvistiendo los principios de moral.
Y vistiendo las ganas de miedos y absurdos.
Siento vacío con todo lo que siento,
soy un maniquí que ya no baila,
que solo aguanta, que ya no mira.
Solo se dispara-a sí misma- como bala perdida.

Me limito como suicida abrazar a todas las cornisas
que se pongan a mi altura, y caerme una y otra vez
hasta acabar jodida tirada en el suelo.
La función empieza de nuevo.
Cumple las normas, calla, traga y escucha,
ya no tienes espacio, la memoria RAM se ha llenado
y la obsolescencia programada de mi piel ha llegado.

Grita sin abismo,
corre sin camino
sé ordinario
y vive en el escepticismo
de no saber quién eres
ni qué quieres.
Bienvenidos al mundo real,
al canibalismo suicida
de esta sociedad.