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domingo, 25 de marzo de 2018

Me encantaría verte, feliz.

Por una vez,
por una vez
se han quedado dentro atrapados
en mi pecho tantos planes
en mi cabeza tantos sueños
en mi garganta tantos nudos
al saber que todo lo que imaginé,
por última vez, no pasará.

¿Por qué?
¿Por qué a mí?
Sigo sin creermelo
esperando por inercia un mensaje que no llegará.
¿Cómo se limpia todo este desastre?
¿Qué hago yo con tantos futuros si ninguno es contigo?
Aquí sigo varada, llorando
sabiendo por primera vez, sincera,
lo que se siente al echar de menos
cuando todo cae de golpe,
sintiendo
tristeza y amor infinito
hacia lo que me hiciste sentir
a pesar de todos los monstruos en tu cabeza.
Mi piel no entiende nada,
está callada
preguntándose quién soy
por qué volví.
He sido feliz.
El aire que respiro se esfuma,
me ahogo,
los pulmones se secan
esperando ver cómo florecen
jardines en medio del mar
tras dos horas de lágrimas y versos.
Siento dolor feliz,
porque serás feliz sin mí
siento frío dentro
habitando todos mis agujeros
mientras, cierro la página de nuestro cuento.

¿Te sigues imaginando a tus hijos conmigo?

Quizás dentro de diez años
volvemos a renacer
viéndonos bailar como la primera vez.

Quizás solo hay que esperar
a que la lluvia amaine
y todo el barro vuelva
por si solo a su cauce.

Quizás sí, quizás cada vez que escucho
hablar de hijos pienso en ti,
y joder, qué putada que no vaya a ser así.

Voy a seguir soñando
y engañando a un destino
porque aún creo que puedes ser
una causalidad perfecta en mis futuros con d-efectos.
Siempre me mataron las prisas
y aprendí a saborear cada instante besando tu piel.

Ahora sé que quizás pisar el freno
es ir por lo seguro
por distintos caminos
y viendo el paisaje desde otras manos.

Poema escrito 29/06/2017
Poema encontrado 28/12/2017
Último poema al mar.

Gracias.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Marzo

Me paro a pensar en medio de este ruido,
me paro a pensar que el mundo baila a mi alrededor mientras mi piel se desgasta
entre humo y paredes de soledad blanca.
Sacadme a bailar,
enseñadme el ritmo de los días que no se dejan llevar por la rutina.
Trabajo ocho horas al día,
busco constantemente mi libertad
y a veces me ahogo en charcos de agua negra
con complejo de inferioridad.
Respiro por inercia
y caigo sin necesidad,
desafiando cada segundo a la gravedad de los problemas dentro de mi cabeza.
Desato las alas en otras espaldas mientras las mias piden unas vendas que las ayuden a volar,
unas manos que quieran agarrar
una vida de risa y paz.
Soy de barcos y no de anclas,
pero cuando llego a buen puerto
me nacen flores del pecho
y así inicio el vuelo.
Me han visto brillar
y aún hoy sigo buscando
en cualquier atisbo de luz motivos para avanzar
persiguiendo sueños con estos versos
dejando atrás la oscuridad.